Cuando se comienza a pensar en construir una vivienda, se tiende a hacer énfasis y concentrarnos en los planos, la materialidad, aspectos relacionados al diseño o los costos de la obra. Sin embargo, existe un aspecto fundamental que muchas veces se busca desestimar, pero que es de mucha importancia, conocer el suelo sobre el que se va a construir.
El terreno es literalmente la base de toda edificación. Por más sólida que parezca una estructura, si el suelo presenta problemas o no fue correctamente evaluado, pueden aparecer inconvenientes que comprometan la estabilidad de la obra y generen costos de reparación muy elevados. Es un paso fundamental conocer sobre que nos vamos a implantar.
El estudio de suelos, también conocido como estudio geotécnico, consiste en analizar las características del terreno para determinar su capacidad de soporte, composición, nivel de humedad y comportamiento ante las cargas que recibirá la construcción.
Usualmente surge la pregunta si es necesario en todos los casos. La respuesta depende del tipo de obra y de las características del terreno. En viviendas unifamiliares de pequeña escala, y en locaciones anexas a otras construcciones realizadas anteriormente, muchas veces no se exige formalmente, pero resulta especialmente recomendable cuando se construye en terrenos con antecedentes de rellenos, zonas cercanas a cursos de agua, áreas con napas superficiales o cuando se proyectan edificaciones de varios niveles.
Entre los problemas que un estudio de suelos puede ayudar a prevenir se encuentran los asentamientos diferenciales, es decir, cuando una parte de la construcción se hunde más que otra. Este fenómeno suele manifestarse mediante grietas en paredes, fisuras en pisos, dificultades para abrir puertas y ventanas, e incluso daños estructurales más importantes.
También permite detectar la presencia de suelos expansivos, que aumentan su volumen al absorber humedad y se contraen al secarse. Estos movimientos generan tensiones constantes sobre la estructura y pueden provocar patologías constructivas a lo largo del tiempo. Es un caso muy común en zonas del Deportamento que el suelo sufre grandes alteraciones de expansión y compresión en función de temporadas de grandes lluvias o por el contrario de grandes sequías.
Otro aspecto relevante es la definición correcta de las fundaciones. Gracias al conocimiento del terreno, los profesionales pueden determinar si es suficiente una cimentación tradicional o si será necesario recurrir a soluciones especiales como plateas, pilotes u otros sistemas que garanticen la estabilidad de la obra.
Aunque implique una inversión inicial adicional, el estudio de suelos suele representar un porcentaje muy pequeño del costo total de construcción. En cambio, los problemas derivados de una fundación inadecuada pueden significar reparaciones costosas y complejas una vez que la vivienda está terminada. Es muy común que el cliente ya sugiera realizar platea como cimentación de su vivienda, porque existe una tendencia a pensar que es la opción mas barata, por el contrario la opción mas barata la va a determinar el tipo de suelo, por lo que la cimentación mas económica es aquella que su único gasto asociado es el inicial, y no requiere de posteriores trabajos para solucionar descensos, fisuras, etc.
En arquitectura y construcción existe una regla simple, cuanto mejor se conoce el terreno, menor es el riesgo durante la obra y mayor la durabilidad de la inversión. Por eso, antes de colocar el primer “ladrillo”, vale la pena mirar hacia abajo y entender qué sucede bajo nuestros pies, y así dar inicio con una base segura.
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