Mientras miles de personas intercambian figuritas en escuelas, oficinas, plazas y centros comerciales para completar el álbum del Mundial 2026, Uruguay vuelve a confirmar una particularidad que lo distingue a nivel internacional: es el país con mayor consumo per cápita de figuritas del mundo.
El dato surge de representantes de Panini, la empresa italiana responsable de los tradicionales álbumes mundialistas, quienes destacan desde hace años el fenómeno uruguayo en torno al coleccionismo deportivo. Según explicó Nicolás Lerner, representante de la marca en Uruguay, el país ocupa un lugar especial dentro del universo Panini debido al volumen de figuritas que adquiere su población en relación con la cantidad de habitantes.
La pasión por completar álbumes no es nueva, pero tomó una dimensión particular a partir del Mundial de Sudáfrica 2010, cuando la selección uruguaya alcanzó el cuarto puesto y volvió a entusiasmar a varias generaciones de hinchas. Desde entonces, cada Copa del Mundo y cada Copa América han generado récords de ventas.
Según Panini, en Uruguay existe una combinación poco frecuente de dos factores: una fuerte cultura futbolera y una arraigada tradición coleccionista. Esa mezcla convirtió al país en uno de los mercados más importantes del mundo para la empresa, pese a su reducido tamaño poblacional.
La edición del Mundial 2026 llega además con un hecho inédito. Por primera vez, el álbum oficial se imprime en Uruguay, un reconocimiento que desde la compañía atribuyen al peso que tiene el mercado uruguayo dentro de la región. La colección también será la más grande de la historia, con 980 figuritas debido a la participación de 48 selecciones en el torneo.
Actualmente existen más de 20.000 puntos de venta distribuidos en todo el país. Las figuritas no solo se consiguen en quioscos o librerías; también aparecen en supermercados, almacenes, estaciones de servicio y otros comercios que aprovechan la demanda generada por el fenómeno.
El intercambio de repetidas también forma parte de la tradición. Niños, adolescentes y adultos participan de jornadas de canje que se organizan en distintos puntos del país, mientras que las redes sociales y aplicaciones específicas permiten coordinar intercambios y acelerar la búsqueda de las figuritas más difíciles.
Más allá del negocio y del coleccionismo, el álbum sigue funcionando como un ritual compartido entre generaciones. Padres, hijos y abuelos participan de una costumbre que en Uruguay parece mantenerse más viva que en cualquier otro lugar del mundo.






