Es común durante el proceso de obra que se repita una frase más de lo que debería: “ya que estamos, cambiemos esto también… agrandemos el estar y cocina… agreguemos otro dormitorio”. En algunas ocasiones puede parecer una decisión menor, casi natural dentro del proceso, pero en la práctica es una de las principales causas de sobrecostos y demoras.
Modificar algo durante la obra casi nunca implica solo ese cambio puntual. Ya que en la globalidad del objeto constructivo toda alteración tiene implicancias. En construcción, todo está relacionado. Mover una pared puede afectar instalaciones eléctricas y sanitarias; cambiar un revestimiento puede alterar niveles, encuentros o incluso tiempos de ejecución. Lo que parece una simple decisión estética puede terminar impactando en varios rubros a la vez.
Además, hay un factor clave, los trabajos ya ejecutados. Cuando un cambio implica demoler, rehacer o adaptar algo que ya estaba hecho, no solo se paga el nuevo trabajo, sino también el costo de lo anterior que se pierde. Es decir, se paga dos veces.
A esto se suma otro elemento menos visible pero igual de importante, la pérdida de eficiencia. Una obra planificada avanza con cierta lógica, con materiales previstos, tiempos coordinados y equipos organizados. Cuando aparecen cambios, esa cadena se interrumpe. Se generan esperas, reprogramaciones y, muchas veces, trabajos urgentes que encarecen aún más el proceso.
Entonces, ¿cómo podemos evitar estos problemas? La respuesta está en el proyecto. Muchas veces bajo la ansiedad de comenzar una obra se intenta acelerar al máximo este proceso. Pero es importante cumpla con todas las etapas del proyecto, que se cumplan los intercambios necesarios con el cliente y se pueda proyectar todos los aspectos que den respuesta a la casa deseada por el y cliente y atendiendo cada punto proyectualmente.
Un proyecto completo no es solo un plano para “ver cómo va a quedar”. Es una herramienta que permite tomar decisiones antes de construir, cuando cambiar todavía es barato. Definir materiales, dimensiones, instalaciones, detalles constructivos y hasta el equipamiento con anticipación permite prever conflictos y resolverlos en papel, no en obra.
Esto no significa que una obra no pueda tener ajustes. Siempre puede haber imprevistos o mejoras sobre la marcha. Pero cuanto más definido esté el proyecto desde el inicio, menor será la necesidad de cambios y, por lo tanto, más controlados estarán los costos.
En definitiva, invertir tiempo en el proyecto es ahorrar dinero en la obra. Ya que en construcción, lo que no se decide antes, se paga después.
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