Un estudio reciente sobre hábitos culturales encendió una señal de alerta: cerca de la mitad de los uruguayos no leyó al menos un libro durante 2025. El dato, que refleja una tendencia sostenida en el tiempo, vuelve a poner sobre la mesa el vínculo entre la población y la lectura, así como los desafíos que enfrenta en un contexto atravesado por nuevas formas de consumo cultural.
Si bien el acceso a contenidos se ha ampliado en los últimos años a través de plataformas digitales, redes sociales y formatos audiovisuales, la lectura de libros continúa perdiendo terreno frente a otras opciones de entretenimiento. El fenómeno no es exclusivo de Uruguay, pero los datos locales confirman una realidad que preocupa a actores del ámbito educativo y cultural.
Entre quienes sí mantienen el hábito, la frecuencia también presenta matices. Una parte significativa de los lectores lo hace de forma esporádica, mientras que el grupo de lectura regular se mantiene más reducido. Esto configura un escenario en el que el libro deja de ocupar un lugar central en la vida cotidiana de una porción importante de la población.
Las causas son múltiples. Por un lado, aparece la falta de tiempo, vinculada a rutinas laborales y familiares cada vez más exigentes. Por otro, la competencia directa con dispositivos móviles y contenidos de consumo inmediato, que requieren menor concentración y ofrecen gratificación rápida.
A esto se suma el rol del sistema educativo y del entorno familiar, considerados claves en la formación del hábito lector. Distintos especialistas coinciden en que el vínculo con la lectura suele construirse en etapas tempranas, por lo que las experiencias durante la infancia y la adolescencia resultan determinantes.
En este contexto, bibliotecas, centros educativos y promotores culturales enfrentan el desafío de acercar el libro a nuevos públicos, adaptando estrategias y formatos sin perder de vista el objetivo de fomentar una relación sostenida con la lectura.
El dato de que casi la mitad de los uruguayos no haya leído un libro en un año no solo describe un comportamiento cultural, sino que también abre interrogantes sobre sus implicancias a largo plazo. La lectura no solo cumple una función recreativa, sino que también está asociada al desarrollo del pensamiento crítico, la comprensión y la capacidad de análisis.






