El uso de celulares en las aulas se ha convertido en uno de los debates más intensos de la educación contemporánea. Mientras en varios países se avanza hacia regulaciones estrictas —como Francia, España o Brasil—, en Uruguay la discusión se mantiene abierta y tensionada entre la autonomía docente, las experiencias de los colegios privados y la postura de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP).
Docentes de secundaria describen el control del celular como una “batalla desgastante”. Las notificaciones constantes, el uso para chatear o jugar, e incluso la comunicación con los padres durante la clase, generan un escenario de distracción permanente. Sin herramientas disciplinarias claras, muchos profesores terminan resignándose o buscando soluciones alternativas, como dispositivos que bloqueen la señal. “Es una pérdida de energía, tiempo y atención estar fiscalizando todo el tiempo mientras das clase”, relató un docente.
La postura de ANEP y Ceibal
La ANEP sostiene que prohibir no es la mejor política y apuesta a la autonomía de cada institución y docente. Pablo Caggiani, presidente del Consejo Directivo Central, afirma que Uruguay tiene una diferencia clave respecto a otros países: la existencia de Ceibal, que curaduriza contenidos digitales y promueve ciudadanía digital. Para las autoridades, imponer una ley sería problemático y poco beneficioso.
En contraste, decenas de colegios privados han decidido limitar el uso de celulares, alentados por la presión de padres y el desgaste de los docentes. Los resultados iniciales son positivos: mejora la socialización, los recreos recuperan juegos tradicionales y disminuyen los episodios de bullying. Instituciones como el Colegio Alemán o el Montevideo College han implementado reglamentos claros, con apoyo de las familias, que prohíben el uso durante toda la jornada escolar.
El debate político y social
En 2024, el tema entró en agenda con fuerza. Maximiliano Campo, diputado colorado, presentó un proyecto de ley para regular el uso de celulares en las aulas, aunque la iniciativa perdió fuerza frente a otras discusiones parlamentarias. El ministro de Educación, José Carlos Mahía, expresó su apoyo a una regulación, pero no por la vía legislativa. Mientras tanto, padres y docentes reclaman medidas más firmes, y Ceibal prepara estudios para sistematizar evidencia local.
Expertos como el neuropediatra Alfredo Cerisola advierten que el uso excesivo afecta la atención, el aprendizaje y el sueño en adolescentes. Sin embargo, también se reconoce que internet es un espacio de oportunidades: nueve de cada diez niños dicen haber aprendido algo nuevo en línea cada semana. El desafío es encontrar un equilibrio entre proteger la concentración y aprovechar el potencial educativo de la tecnología.
El debate sobre celulares en clase no es solo pedagógico: es social, cultural y político. Uruguay enfrenta la disyuntiva de seguir confiando en la autonomía docente y en Ceibal, o avanzar hacia una regulación más clara y uniforme. La pregunta de fondo es cómo educar en un mundo hiperconectado sin renunciar a la convivencia, la atención y el aprendizaje.
En el centro de esta discusión también late otra preocupación: los valores que se han ido debilitando en la vida escolar —la escucha, el respeto, la interacción cara a cara, la capacidad de esperar y compartir sin mediaciones digitales. Recuperarlos quizá sea tan urgente como definir la política tecnológica del futuro.






