Lo estamos oyendo y hasta repetido y gastado de tantos que lo tienen a flor de labios.
¡Qué rápido pasa el tiempo, se nos fue volando el 2024!
Y aún hay tantas cosas por hacer, en lo posible en muchos casos pedir disculpas si nos hemos excedidos en algo, o elogiar a aquellos que admiramos y no nos atrevemos a decírselo, todo entra en tomar decisiones, aunque aún queda tiempo para entrar en el 2025 sin cuentas pendientes.
También pudimos escuchar y en algún caso hasta leer, no se trata de cambiar al mundo, pero sí de hacer un poco mejor nuestro mundo más cercano, el cotidiano.
Tan rápido como pasa el tiempo, los pensamientos y las intenciones se elevan a considerar todo como si fuéramos capaces de dirigir el universo, pero no es cuestión de acabar con el sufrimiento de millones de personas que hoy lo padecen, eso dejémoselo a Dios, sino hacer un poco mejor la vida de quienes nos rodean.
Nos alegramos al mirar una escena que rescata valores escondidos en personalidades que para muchos resultan intrascendentes, pero está imbuida de un profundo amor hacia el prójimo.
Un joven cargaba varios budines, alimento común por estas horas, cuando se enfrentó a otro joven, este autista y, simplemente, sin hablar, puso en las manos de aquél uno de los budines, la sonrisa del que recibió el regalo resulta difícil de describir, pero seguro venía de lo profundo de su alma, al punto que quienes estábamos vivimos el momento en que no pudimos sostener la lágrima que asomó a nuestros ojos.
Son estos gestos y actitudes que por mínimos que parezcan sí pueden hacer feliz al otro o aliviar el dolor espiritual de quien lo padece.
Entonces reflexionemos ¿qué esperamos para visitar a ese familiar o amigo enfermo o que está solo? Estrechar la mano o abrazar a esa persona de la que nos hemos distanciado quién sabe por qué y cuándo, esto lo leímos creo que el año pasado para estas fechas y desconocemos los resultados, pero aún estamos a tiempo.
El de compartir lo mucho o poco que tengamos no es cuestión de cantidad.
Tal vez, con esos pequeños gestos logremos hacer para otros y para nosotros mismos un pequeño milagro de Navidad, la que ya pasó pero seguro vendrá otra, puede ser pequeño porque los grandes milagros no corresponden al ser humano.







