La empresa fúnebre Fernández Rocha lleva más de un siglo brindando un servicio esencial a la sociedad coloniense. Por tal motivo charlamos con su titular Daniel Leguísamo, acerca del pasado presente y futuro de la empresa y los cambios que la misma ha atravesado con el devenir del tiempo.
Sobre el origen, Leguísamo nos contó: “La empresa nació hace mucho tiempo, por allá por 1910, 1912, empezó siendo manejada por José María Pérez, mi abuelo era socio capitalista, pero era él quien la llevaba adelante, funcionaba frente a la plaza San Martín, en las calles del Colegio y del Comercio, después la empresa pasa por diferentes manos, estuvo donde funcionaba el ex banco la Caja Obrera, hasta que la compra Fernández Rocha, que le da el nombre, cuando falleció siguió al frente su único hijo varón, Orlando Fernández Torterolo, hermano de la esposa de Rossi, propietarios de la barraca, Carlos y Benjamín estaban casados con las hermanas de Orlando, por eso la empresa se mudó para Avenida Artigas. El 9 de octubre del 48 la compra mi padre, y mantuvo el nombre para no perder identidad, para que no se fuera la clientela”, informó.
Luego acotó: “Mi padre falleció en el 98, y ahí me tocó seguir a mí, yo en realidad estoy desde el 79 acá, los primeros años era como todo aprendiz, lavar autos, atender el teléfono, el laburo del che pibe, luego fuimos aprendiendo, nos fuimos largando. Mi tío Julio era escribano, era mi padrino y me insistía en que fuera escribano, para seguir con su escritorio, pero nunca fui muy estudioso, y hay algo de herencia, de sangre en seguir con el negocio familiar, lo veía a papá trabajando en esto pero a mí me parecía natural, ver un ataúd no me asustaba, era algo normal, como le pasa a mis hijas ahora, porque más allá de ser una empresa, un negocio como cualquier otro, también hay un componente de servicio, de servir al otro, eso me lo transmitió papá, él en el 61, cuando yo nací fue fundador del Club de Leones, junto con Artigas Miranda, tenía la vocación de servicio y me la fue transmitiendo, como dice Serrat en su canción: nos van trasmitiendo con la leche templada y en cada canción”, sostuvo.
“Lógicamente hay momentos que son muy embromados”
Acerca de lo complejo de llevar adelante una función como la de los servicios fúnebres, Daniel respondió: “Lo más complicado es lidiar con los fallecimientos de personas queridas, lógicamente es embromado, tener que realizar el trabajo cuando se trata de gente conocida, con la que charlas todos los días, y de repente te encontrás con esta situación, gente amiga, y a esta altura del partido, gente de mi generación, y después lo otro embromado es cuando se trata de niños, bebés, eso es muy difícil, es muy jodido, muy doloroso, porque vos podés dar una voz de consuelo a un hijo, a un hermano, a un esposo una esposa, pero a un padre ¿qué le podés decir? Tenés que ser una persona muy creyente para que no se te desmorone todo, son momentos muy duros”, expresó.
En relación a lo demandante de la profesión, donde no hay domingos ni feriados, señaló: “Te acostumbrás, aunque debo decir que hasta que no fui padre, no me afectaba, a veces salía de noche y al otro día temprano había que estar y recuerdo que mi viejo se enojaba, pero yo salía a bailar y de repente al otro día salía a las 6 de la mañana para Montevideo, a trabajar, pero cuando nacieron mis hijas si, a mi me gustaba llevarlas a la playa pero en esto te llaman en cualquier momento y hay que estar, entonces cambié un poco las cosas acá en la empresa como para tener días libres y poder dedicarle más tiempo a mi familia, que nunca son del todo libres, porque muchas veces me llama gente conocida directamente a mí, a mi celular, no a la empresa, por eso esté donde esté, hay que resolver”, aseveró.
En cuanto a los cambios en la empresa recordó: “Cuando murió papá, dejamos el local donde estaba la empresa, en frente donde hoy estamos, que siempre lo alquiló, nosotros habíamos comprado este local, donde antes estaba Andreini, en el 97 empezamos la reforma y el 1° de marzo del 98 nos mudamos para acá”, dijo.
“Esto es como una comisaría, acá nunca se cierra”
Sobre los vehículos de la empresa, y acerca de la recordada carroza, muy particular que se encuentra en el estacionamiento de la calle Rivadavia, una verdadera reliquia, recordó: “Esa carroza es del año 37, era de Forestier Pose, porque antes como las líneas de ómnibus chicas que se nutrían de la Onda, las funerarias nos nutríamos de las empresas grandes de Montevideo cuando renovaban las flotas, hay que estar invirtiendo en los vehículos, más allá de que la carroza fúnebre tiene poco desgaste, estamos a 8 cuadras del cementerio, y se guarda en el garaje, pero tenés que ir modernizando y adaptándote a las exigencias actuales”, remarcó.
Acerca de la actualidad de la plantilla destacó: “Hoy somos 5 personas trabajando, con horarios rotativos, porque como decimos siempre, esto es como una comisaría, acá nunca se cierra, acá siempre hay gente, venís a las dos de la tarde y hay gente, venís a las 4 de la mañana, a las 8 de la noche, a la hora que sea siempre hay gente acá, porque hay muchas empresas que han adoptado, esos sistemas nuevos que hay ahora, de cámaras, o que se toca el timbre y suena el celular, pero a nosotros nos gusta que siempre haya una persona acá para el trato directo, recibirlos, aunque muchas veces la gente no viene directo, te llama por teléfono, pero si viene es importante recibirlos, hoy en día cambió todo, los bancos tienen cajeros automáticos, y hay un montón de servicios así, donde se perdió el contacto humano, pero nosotros seguimos apostando a eso”, afirmó.
Luego en relación a las salas velatorias, contó: “Arrancamos en Avenida Artigas y después hicimos las dos de Fosalba, la idea era porque teníamos un proyecto para agrandar acá en la Avenida Artigas, con 3 salas, el proyecto ya lo había hecho mi amigo el arquitecto Miguel Odriozola, pero claro para hacer ahí teníamos que mudarnos a otro lado, hicimos las de Fosalba, pero después vino la pandemia, y nos fuimos quedando en Fosalba, hace tiempo que estamos pensando como seguir, pero ahora los tiempos son distintos, los velatorios ahora son cada vez más cortos, yo viví primero los velatorios en la casa, donde duraban hasta más de un día, ahora la noche la gente generalmente no se queda”, informó.
“Lo de Previsora fue una muy buena idea”
En relación a las organizaciones vinculadas a las funerarias como el caso de Previsora, Daniel contó: “Esa idea fue de nuestros padres, los que iniciaron todo eso, que fue un poco una copia de lo que es Previsión en Montevideo, un poco la madre de la Previsora de acá, y la verdad es que es muy saludable porque competís pero en servicio, no en precio, un socio de Previsora tiene libertad para elegir cualquiera de las empresas del departamento, y no estás competiendo en el precio de la cuota, fue una buen idea que tuvieron, yo diría que hoy por hoy el 80% de los servicios son a través de algún convenio o de Previsora, y a través de CETI tenemos todos los convenios nacionales, Fuerzas Armadas, cooperativas, etc, CETI nos cubre todo eso, con convenios nacionales”, apuntó.
Acerca del futuro de la empresa reflexionó: “Eso no lo sabemos aún, mis hijas siempre están atrás mío, conversando, preguntando, pero todavía no lo tenemos muy definido, habrá que ver más adelante”, mencionó.
Por último consultado acerca de cuál ha sido la clave o el sello para llegar a desarrollar una empresa tan longeva, opinó: “Creo que la calidez, la confianza que nos tiene la gente, hay algo que hay entender, y es que vos tenés que tener confianza con una persona cuando va a tu casa y se están llevando a un ser querido, a tu madre, a tu padre, al abuelo y nosotros hacemos lo que tenemos que hacer, para eso tiene que haber una confianza, de que sepan que vamos a hacer lo que corresponde en esa situación y siempre nos hemos manejado así, tratando de dar soluciones a todos los que nos han requerido”, sentenció Daniel Leguísamo.







