Cada primavera, las calles de Montevideo, al igual que ocurre en Colonia, se cubren de una nube blanquecina que flota entre veredas, casas y autos. La pelusa de los plátanos, tan característica como molesta, vuelve a ser protagonista de la temporada. Pero este año, la Intendencia de Montevideo (IMM) y la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República decidieron enfrentar el problema con ciencia: un plan piloto que busca reducir la floración de estos árboles mediante la aplicación de hormonas vegetales.
Una solución innovadora para un problema recurrente
El proyecto, que se implementará en zonas de alta circulación peatonal, consiste en inyectar fitohormonas en el tronco de los plátanos durante la primera etapa de floración. Estas sustancias, de baja toxicidad, engañan al árbol haciéndole creer que ya ha fructificado, lo que inhibe la producción de flores y frutos. Menos flores significa menos polen, y menos frutos implica menos pelusa.
“El fruto del plátano está cubierto de tricomas, esos pelitos que se liberan al aire y generan alergias e irritaciones en los ojos”, explicó el ingeniero agrónomo Jaime González, docente de la Facultad de Agronomía en diálogo con El Observador. La técnica, ya utilizada en cultivos frutales para obtener cítricos sin semillas, se aplica por medio de una pequeña perforación en el tronco, sin dañar la estructura del árbol.
Un árbol con historia… y controversia
El plátano (Platanus × acerifolia) fue introducido en Uruguay a fines del siglo XIX como parte de un modelo urbanístico inspirado en ciudades europeas. Su resistencia, rápido crecimiento y capacidad para dar sombra lo convirtieron en protagonista del paisaje urbano. Hoy representa cerca del 10 % del arbolado de la capital, con más de 23.000 ejemplares.
En Colonia, su uso se intensificó durante el siglo XX como parte de las políticas de embellecimiento urbano y forestación, acompañando el desarrollo turístico y patrimonial del Barrio Histórico.
Sin embargo, su ciclo reproductivo genera efectos adversos en la salud de miles de personas, especialmente aquellas con antecedentes alérgicos. La pelusa actúa como irritante mecánico y transporta polen, lo que puede desencadenar cuadros de rinitis, lagrimeo persistente o incluso crisis asmáticas.
El plan piloto, que tiene un costo estimado de USD 30.000, se aplicará en distintas zonas de Montevideo y evaluará dosis en árboles jóvenes y añosos. Si los resultados son positivos, podría extenderse como política pública para mitigar los efectos estacionales de la pelusa sin eliminar los árboles.
Mientras tanto, especialistas recomiendan medidas de protección como el uso de lentes envolventes y tapabocas durante los días de mayor dispersión, especialmente en primavera.







