Cada diciembre, cuando las luces se encienden y el clima festivo empieza a instalarse, también regresa un debate que lleva décadas: ¿cómo convivimos con la tradición de la pirotecnia en un tiempo donde sus efectos ya no pueden ignorarse? En el departamento de Colonia, esa discusión tomó forma concreta con el Decreto Nº 060/2020, aprobado el 11 de diciembre de 2020, que estableció la prohibición total de uso y comercialización de pirotecnia sonora. Colonia fue pionera, ya que tres años más tarde se adoptó una prohibición similar a nivel nacional.
El proyecto fue presentado por la Comisión de Legislación y Régimen de la Junta Departamental de Colonia, integrada en ese momento por Claudia Luzardo, María Isabel Roselli, Horacio Neves, Emmanuel Martínez, Julio Basanta, José Manuel Arenas y Agustina Durquet. No se trató de una iniciativa improvisada, respondía a una reivindicación social sostenida durante años por familias, organizaciones y colectivos que venían advirtiendo sobre los perjuicios de la pirotecnia sonora en la población más vulnerable.
Durante la discusión del proyecto, se subrayó algo que hoy parece evidente, pero que durante mucho tiempo no lo fue, los estruendos afectan especialmente a bebés, personas mayores y, de manera muy particular, a quienes integran el espectro autista, para quienes el ruido explosivo puede desencadenar crisis severas. A esto se suma el impacto en animales domésticos y fauna silvestre, que sufren estrés, desorientación y, hasta puede provocar daños irreparables.
¿Qué establece el decreto?
El Artículo 1º prohíbe en todo el territorio departamental la comercialización, venta, distribución y uso de pirotecnia sonora.
El Artículo 2° fija multas de 20 a 300 U.R., además de la posible suspensión de habilitaciones comerciales y la confiscación del material, con apoyo del Ministerio del Interior si fuera necesario.
El Artículo 3° faculta a la Intendencia a requisar y destruir cualquier pirotecnia sonora encontrada en exposición o venta.
El Artículo 4° compromete al Gobierno Departamental a realizar campañas educativas para promover hábitos de convivencia responsable y desestimular el uso de artefactos pirotécnicos.
La norma no pretende borrar de un plumazo las tradiciones, pero sí invita a repensarlas. No se prohíbe “celebrar”, sino un tipo específico de pirotecnia que genera daño. Y en un departamento que decidió dar este paso hace ya varios años, la llegada de las fiestas vuelve a poner sobre la mesa la misma pregunta: ¿podemos celebrar de otra manera?
La respuesta, cada vez más, parece ser que sí. La transición cultural lleva tiempo, pero avanza. Y el decreto —con su espíritu protector y su mirada de largo plazo— sigue recordándonos que el ruido no es sinónimo de celebración, y que la empatía también puede ser una forma de festejar.






