Tratar un tema como problema cuando en la zona no lo tenemos resulta difícil de explicar para la opinión pública local.
Asomarnos a la rambla costanera, o simplemente mirar hacia el fondo de la avenida Gral. Flores, nos deleita la vista observar una fuente de agua dulce que parece inagotable y, que después de ser potabilizada corre libre por las canillas hogareñas.
Pero Colonia es parte de nuestro Uruguay que tiene en la población de Montevideo pendiente la Espada de Damocles y ya vivió el problema de la sequía y la escasez de agua potable.
Días atrás, se escucharon palabras llenas de dudas por parte de las autoridades electas que aún no gobiernan, pero lo habrán de hacer a partir de marzo próximo, manifestando dudas con respecto al proyecto Arazatí.
Es que si el fenómeno de la sequía aconteciera nuevamente una importante zona del país vería limitadas sus posibilidades si antes no se hace algo concreto para obtener agua potable.
Quienes conocen la importancia del tema en sus aspectos técnicos y geográficos no tienen dudas y se manifiestan coincidentes con los proyectos en marcha, algo distinto acontece con el espectro político imbuidos de expresiones proselitistas buscando protagonismos que en definitiva solo postergan lo que debe ser definiciones inmediatas.
Hay en el escenario dos obras pensadas Casupá y Arazatí. Pues pensamos conjuntamente con las opiniones técnicas que ambas son necesarias, no hay duda que deben realizarse los dos proyectos, pero Arazatí primero.
La realidad no tolera otro análisis, y es necesario poner el tema en prioridad.
Volvemos a lo del principio, muchos pueden decir pero aquí no tenemos ese problema, cierto, no obstante somos parte de un país que debe ser productivo a la vez que brindar salud y comodidad a sus habitantes y, vaya si el agua es importante a estos fines.
El proyecto Casupá se abastece de la misma cuenca que el Río Santa Lucía, es decir que si falta agua en Paso Severino, se puede establecer que la reserva que puede aportar Casupá es muy limitada, y si se seca Paso Severino, al muy poco tiempo se secará Casupá.
Es por este motivo que debe haber una fuente alternativa abundante; como así más de una planta potabilizadora que evite el riesgo por fallas de funcionamiento de una única usina, mientras el proyecto Arazatí ya está pronto y lo que resta es ejecutar la obra, que estaría disponible en menos de 3 años, mientras que Casupá implicaría más del doble de años que éste.
Insistir sobre esto aunque aquí el agua abunde, no nos impide mostrar que la oposición y la tozudez por querer tener razón de algunos, en definitiva por obvias consecuencias afecta a todo el país.







