El departamento de Colonia, por su ubicación geográfica cercana a Buenos Aires ha sido objeto de múltiples hechos, desde desembarco de tropas, armamento, contrabando, ataques y fugas entre otros.
Durante el gobierno del general Lorenzo Batlle (1868-1872) la situación política del país se fue deteriorando, lo que determinó que un grupo en armas liderado por el general Timoteo Aparicio se levantara contra el gobierno colorado, alcanzando a contar con doce mil hombres en armas, dando comienzo a uno de los más grandes conflictos armados, la “Revolución de las Lanzas”, en el período de 1870-1872.
Durante esta campaña, fue donde se utilizó por última vez de forma masiva las lanzas como arma principal de combate, ya que luego, en 1875, los ejércitos contarían con los fusiles Remington, cambiando el empleo táctico y técnico de las fuerzas en combate.
En la guarnición de Colonia se encontraba el temido comandante Francisco “Pancho o Indio” Belén, tristemente recordado por ser la mano ejecutora del general Leandro Gómez, durante la heroica defensa de Paysandú, el 2 de enero de 1864.
A Belén le llegaron noticias de que las fuerzas nacionalistas de Timoteo Aparicio venían siendo perseguidas por las tropas coloradas del ejército, comandadas por el veterano guerrero de la Guerra del Paraguay, general Enrique Castro.
El día 17 de julio de 1871, la estancia de la familia irlandesa Suffern – Mack Stravack en la zona de Manantiales del San Juan fue ocupada por las tropas blancas, siendo dispuestas las tropas que en número de 4600 hombres formaban la línea de batalla de Aparicio. Las tropas gubernistas, unos 3500 soldados, ocuparon las alturas de la Cuchilla de Manantiales a unos 1500 metros del casco de la estancia. La batalla fue una de las más cruentas que se hayan librado, muriendo en la misma a los 82 años de edad el general Anacleto Medina, viejo soldado de Artigas y héroe de la independencia, junto a unas 400 bajas entre muertos y heridos del bando revolucionario.
Los prisioneros nacionalistas fueron conducidos a Colonia del Sacramento por el comandante Belén, temiendo estos por sus vidas, ya que el degüello era parte del trágico desenlace en esos tiempos violentos. Quiso la providencia que el indio Belén se comportara honorablemente poniendo a resguardo a los prisioneros, quienes fueron conducidos al puerto de Colonia del Sacramento y embarcados en vapor hacia Montevideo.






