Los techos son una de las partes más expuestas de cualquier vivienda y, sin embargo, suelen recibir poca atención hasta que surge una filtración. Muchas veces debido a carecer o presentar dificultad de acceso, otras por olvido, pero cuando nos damos cuentas de las primeras manchas de humedad en un cielorraso, muchas veces el problema lleva meses desarrollándose sin que lo notemos.
En Colonia del Sacramento, donde las lluvias intensas, la humedad ambiental y los cambios de temperatura son frecuentes, el mantenimiento preventivo de los techos resulta fundamental para evitar reparaciones costosas. Si a esto le sumamos el desprendimiento de “pelusa de plátanos” y hojas de árboles, la necesidad de limpieza sobre esos meses cruciales, se hace mas frecuente.
Por lo que un inconveniente común es la acumulación de hojas, tierra y residuos en canaletas y desagües. Cuando estos elementos obstruyen el drenaje, el agua queda retenida sobre la cubierta y aumenta considerablemente el riesgo de filtraciones. Una limpieza periódica, especialmente antes del invierno y después de temporales, puede evitar numerosos problemas.
Otro problema habitual, que se intensifica cuando también ocurre el punto anterior, es el deterioro de las impermeabilizaciones. Con el paso de los años, las membranas asfálticas, pinturas impermeabilizantes o sellados pueden perder elasticidad, agrietarse o desprenderse, permitiendo el ingreso de agua. Muchas veces la filtración aparece en un punto interior que no coincide exactamente con el lugar donde el agua ingresa, dificultando la detección del origen del problema.
Las cubiertas de chapa también requieren controles regulares. Tornillos flojos, juntas deterioradas, sellados envejecidos o pequeñas perforaciones generadas por la corrosión pueden transformarse en puntos de ingreso de agua. En muchos casos, una reparación sencilla realizada a tiempo evita intervenciones mucho más complejas en el futuro.
Los encuentros entre distintos materiales merecen especial atención. Chimeneas, claraboyas, muros, pretiles o cambios de nivel suelen ser zonas críticas donde se producen filtraciones debido a movimientos naturales de la estructura o fallas en los sellados. Es importante identificar los puntos críticos, aquellas zonas donde se encuentran materiales de diferentes dilataciones y obstáculos en el recorrido aparente del agua en su drenaje, entre otros.
Además de las filtraciones visibles, existe un enemigo silencioso, la condensación. En viviendas con poca ventilación o escasa aislación térmica, el vapor de agua generado por actividades cotidianas puede condensarse en superficies frías, produciendo manchas que muchas veces se confunden con filtraciones. Para estos casos mejorar la aislación térmica de la cubierta es muy importantes, seguido de ventilar bien la vivienda incluso durante estas fechas, que solemos mantener la casa mas cerrada.
Para prevenir estos inconvenientes, se recomienda realizar una inspección visual del techo al menos dos veces al año, verificar el estado de canaletas y desagües, controlar sellados y juntas, y actuar rápidamente ante cualquier señal de humedad. Una pequeña mancha en el cielorraso suele ser una advertencia temprana que conviene atender antes de que el daño se extienda.
Como ocurre con muchos aspectos de la construcción, la prevención suele ser mucho más económica que la reparación. Un mantenimiento periódico permite prolongar la vida útil de la cubierta, aumentar el confort, proteger la estructura de la vivienda y evitar gastos inesperados.
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