Es oportuno posar una mirada seria para ubicar la enseñanza en su rol formador de las generaciones que en poco tiempo asumirán el rol protagónico como adultos.
Por mucho tiempo ese ámbito tan importante donde lo único que debe valer es el enriquecimiento del intelecto, la cultura, la ciencia, y el respeto mutuo entre los ciudadanos ha resultado aprovechado para crear caos y enfrentamientos inútiles.
Ante esto se evidenció lo que se ha podido experimentar, la pobreza intelectual promovida por movimientos proselitistas, ajenos a luchar por la enseñanza y ocupando los ámbitos donde esta debe impartirse, agenciándose el control burocrático de la educación por corporaciones adictas, cien por ciento metropolitanas, como sustituto de su total falta de acuerdo interno.
La Educación debe ser, sin duda, una entre las cinco políticas públicas prioritarias del próximo gobierno y las responsabilidades deben ser asumidas con transformaciones decisivas para el país.
Hay aquí un amplio campo que deberá contar con conceptos básicos y la decisión sin fisuras en aplicarlos.
En la época de estudios que hacen a la generación de quien escribe, hubo y los sigue habiendo apreciaciones contundentes que llevan a la reflexión y hoy aún más.
La preclara figura de Miguel de Unamuno se agiganta en la medida que nos llama otra vez a la realidad:
– «Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo no procuran la transmisión de estos como cimientos».
Cuando se para o se ocupan los lugares de estudio, no solo se pierde tiempo, se pierde la oportunidad de dictar y alcanzar lo necesarios conocimientos.
Para finalizar, hay un antiguo concepto que lo ilustra: – «Hay que estudiar mucho para saber poco».







