El maltrato es de difícil denuncia
por la vergüenza que sienten
las víctimas o su incapacidad
El abuso y maltrato a los adultos mayores representa un reto significativo para la sociedad y sobre todo para la salud pública, ya que afecta a un porcentaje importante de la población. Dicho maltrato puede tener varias aristas, pudiendo ser físico, emocional y económico.
Se intentará abordar en este espacio, la prevalencia así como los factores de riesgo y las estrategias de abordaje para prevenir y detectar dicho abuso.
La OMS y el maltrato a las personas mayores
Al ser una preocupación creciente, no solo para la sociedad, sino también y mucho más para la comunidad científica, es que la OMS lo define como “Un acto único o repetido que causa daño o sufrimiento a una persona mayor “afirmando que cada una de seis personas mayores de 60 años ha experimentado algún tipo de abuso, pero solo uno de cada 24 casos ha sido reportado.
Esto sucede, en parte, porque los afectados a menudo, temen informar a sus familiares, amigos o autoridades. Debido al aislamiento en que muchas de estas víctimas viven, es que se trata de un problema difícil de detectar, aseverando muchas de las investigaciones que el abuso, el abandono y la violencia contra estas personas son mucho más frecuentes de lo que se puede imaginar.
Factores de propensión
Investigaciones llevadas a cabo sobre la demografía del abuso a personas mayores, señalan que existen factores que sugieren una predisposición, entre los cuales sugieren: la fragilidad, el género (femenino) la dependencia, el deterioro cognitivo y el detrimento de la salud e incluso problemas de desajuste comportamental. Es importante destacar que el agresor más común se encuentra en el entorno familiar, siendo en primer lugar la pareja, seguido de los hijos, los hermanos, extraños, vecinos o conocidos, siendo más recurrente en las mujeres casadas,
Importa señalar que también la violencia y el destrato pueden provenir del personal y hasta de los profesionales que trabajan en establecimientos de larga estadía para el adulto mayor, debido en parte a los pocos recursos humanos con los que cuentan y también a la falta de supervisión y contralor de los mismos.
Este tema es muy poco visibilizado por lo que tanto los profesionales de la salud a través incluso de las instituciones gubernamentales, deberían generar políticas sociales para mejorar la atención en los residenciales u hogares de ancianos, así como desarrollar talleres de psicoeducación con campañas de concientización y de capacitación a familiares y funcionarios, para identificar y ofrecer estrategias de intervención y así gestionar adecuadamente situaciones de maltrato.
En suma:
El maltrato hacia el adulto mayor es un desafío para la salud pública, para los derechos humanos y para la sociedad en general. La participación de la comunidad, las autoridades y los profesionales de la salud son imprescindibles para la detección temprana, prevención y el abordaje de dicho problema.
Sin restarle importancia a la terapia psicológica que es de muchísima utilidad para acompañar y aliviar a los involucrados, mejorando no solo el bienestar de las personas que tienen a cargo su cuidado, sino también beneficiando por ende, a los propios afectados o sea a nuestros entrañables y queridos “viejos”.







