«El Jubileo nació en el 1300 como un acontecimiento popular, entendido como un tiempo de gran y capilar perdón de los pecados, que no deja de lado ningún aspecto de la vida personal, comunitaria y social », explica Francesco Scalzotto, responsable del Dicasterio para la Evangelización, «y recupera la antigua tradición del Jubileo bíblico, que era realmente un tiempo de liberación, paz y vínculos sociales».
El primer Jubileo fue instituido por el Papa Bonifacio VIII, con el propósito de ofrecer a los fieles un tiempo de renovación espiritual, reconciliación y perdón de los pecados. Desde entonces, se ha convertido en un acontecimiento regular de la Iglesia Católica, que se celebra cada 25 años.
En su esencia, el Jubileo es un llamado a la conversión, la fe y el perdón. Durante el Año Santo, los peregrinos tienen la oportunidad de participar en ritos especiales, entre los cuales destaca la apertura de las Puertas Santas en las principales basílicas papales de Roma: San Pedro, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros. Como símbolo que invita a los fieles a atravesarlas en señal de reconciliación y renovación espiritual, simboliza el comienzo de un nuevo camino en la fe, marcado por el perdón de los pecados y la esperanza en el futuro.
El Papa Francisco se encuentra en su segundo Jubileo ordinario, tras el extraordinario de 2015 dedicado a la misericordia. El Año Santo, que comienza el 24 de diciembre de 2024 y termina el 6 de enero de 2026, se caracterizará por el tema de la esperanza, que es la nota particular que ha elegido el Santo Padre y que le parece una necesidad contemporánea muy fuerte.
Según el padre Scalzotto, «hay una gran necesidad de esperanza y éste es el tema que se sitúa en el centro del camino jubilar, una esperanza que hunde sus raíces ante todo en el Señor muerto y resucitado por nosotros y que debe ser vivida de forma contagiosa por todos los cristianos».







