La cooperativa láctea Coleme cerró definitivamente sus puertas tras 94 años de actividad, en un proceso marcado por años de dificultades económicas, pérdida de productores remitentes y una caída sostenida de su nivel de producción.
La decisión se conoció a través de fuentes vinculadas a la cooperativa y fue informada por medios locales, que señalaron que el directorio resolvió la disolución de la empresa y su presentación a concurso de acreedores. La medida se adoptó en el marco de una deuda que ronda los $23 millones con productores, uno de los factores que terminó acelerando el desenlace.
En los hechos, la planta ya había dejado de operar días antes del cierre formal, luego de que se suspendiera la recolección de leche en los tambos, lo que dejó a la cooperativa sin materia prima para procesar.
Una actividad que se fue reduciendo en los últimos años
En su última etapa, Coleme venía trabajando con una escala muy inferior a la de años anteriores. La remisión de leche había caído a unos 6.000 litros diarios, un volumen que reflejaba la pérdida progresiva de productores remitentes y la dificultad para sostener la operativa.
A esto se sumaba un esquema de producción cada vez más limitado, en un mercado lácteo donde la concentración de la industria y el aumento de costos de funcionamiento han impactado especialmente en las cooperativas del interior del país.
La empresa también cumplía un rol en el abastecimiento de leche fluida a la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), servicio que quedó interrumpido tras el cese de actividades.
Impacto directo en trabajadores y la economía local
El cierre afecta a entre 27 y 30 trabajadores, que dependían directamente de la planta para su actividad laboral. A esto se suma el impacto indirecto en transportistas, productores y servicios asociados que formaban parte de la cadena de funcionamiento de la cooperativa.
En el entorno laboral y sindical se expresó preocupación por el desenlace, en un contexto donde se advierte sobre la pérdida de plantas industriales en el interior del país y el impacto que esto tiene en las economías locales.
La situación también genera incertidumbre en los productores que todavía mantenían vínculo con la cooperativa, que ahora deben reubicar su producción en otras industrias del sector.
Intentos de recuperación que no prosperaron
En los últimos años se habían explorado distintas alternativas para revertir la situación financiera de la cooperativa. Uno de los intentos más relevantes fue el interés del empresario argentino Osvaldo Spataro, exdirigente de Boca Juniors, quien planteó adquirir la planta industrial, la maquinaria, la marca y los pasivos, además de absorber la plantilla de trabajadores.
El proyecto no llegó a concretarse y las negociaciones no avanzaron, lo que dejó a la cooperativa sin una salida de continuidad privada o de reconversión productiva.
Un proceso de deterioro prolongado
El cierre de Coleme no se explica como un hecho puntual, sino como el resultado de un proceso de deterioro sostenido a lo largo de los años. La pérdida constante de productores remitentes fue reduciendo la escala de producción, mientras los costos operativos y las dificultades de financiamiento fueron debilitando la estructura de la cooperativa.
En ese contexto, la reducción de actividad fue progresiva y terminó dejando a la planta en una situación de funcionamiento mínimo antes del cierre definitivo.
Repercusiones en el sector lácteo
El caso generó repercusiones en el sector lácteo y en el ámbito sindical, donde se advierte sobre la continuidad de procesos de concentración industrial y el cierre de plantas cooperativas en el interior del país.
Distintos actores señalan que este tipo de situaciones refleja las dificultades que enfrentan las estructuras productivas más pequeñas para competir en un mercado dominado por empresas de mayor escala.
También se plantea el debate sobre el futuro de la producción cooperativa y las herramientas necesarias para evitar la pérdida de infraestructura industrial en regiones alejadas de los principales centros de producción.
Un cierre que marca a la región
Con la disolución y el concurso de acreedores, Coleme puso fin a una trayectoria de 94 años en la industria láctea uruguaya. Su cierre deja sin actividad a una de las cooperativas más antiguas del país y representa un nuevo golpe para la actividad industrial en el norte del territorio.
En la región, el impacto no se limita al plano económico, sino también al social, debido a la cantidad de familias vinculadas directa o indirectamente a la cooperativa durante décadas.






